Thiago Altamirano, de apenas 2 años, falleció la noche del lunes 22 de junio de 2026, luego de ingresar de urgencia al sistema de salud con lesiones gravísimas. El caso ocurrió en barrio Convivencia, en la zona sudeste de la ciudad de Salta. Según la reconstrucción inicial, alrededor de las 21:30 del lunes se realizó un llamado al 911 alertando por el estado crítico del niño. Fue trasladado primero al Hospital Papa Francisco y luego derivado al Hospital Materno Infantil por la gravedad de su cuadro. Sin embargo, Thiago murió durante el traslado o poco después, pese a los intentos médicos.
La madre y su pareja habrían dicho inicialmente que Thiago se había caído de una cama. Pero esa versión comenzó a derrumbarse rápidamente ya que los médicos detectaron lesiones incompatibles con una simple caída accidental. Entre las primeras observaciones surgieron indicios de: golpes múltiples, traumatismos severos, lesiones compatibles con violencia previa. Esto encendió inmediatamente las alarmas de los profesionales de salud y de la Justicia.
Por orden judicial quedaron detenidos: la madre de Thiago, de 19 años, su pareja (padrastro del niño), de 32 años. Ambos permanecen a disposición de la Justicia mientras avanza la investigación. Este jueves serían formalmente imputados.
Los abuelos paternos y familiares de Thiago aseguran que venían denunciando presuntos maltratos desde 2025. Según trascendió, sostienen que ya existían señales de violencia y que habían advertido sobre el riesgo que corría el niño. Ahora apuntan directamente contra la madre y su pareja. La familia paterna incluso difundió una carta pública cargada de dolor y acusaciones.
En las últimas horas también trascendió un mensaje atribuido a la madre, enviado antes de su detención: “Perdóname amor por todo”. Ese mensaje fue difundido por varios medios y sumó aún más conmoción al caso.
La investigación busca determinar: la causa exacta de muerte, cuándo se produjeron las lesiones, si existieron episodios previos de maltrato, si hubo omisión o encubrimiento por parte de adultos del entorno
La autopsia será una pieza central para definir las imputaciones y reconstruir con precisión qué sufrió Thiago en sus últimas horas —y posiblemente en los días previos.
Más allá de lo judicial, hay algo que atraviesa toda esta historia Thiago tenía 2 años. Un bebé prácticamente. Y hoy toda Salta se hace las mismas preguntas: ¿Se podría haber evitado?, ¿Hubo señales que nadie escuchó?, ¿Falló el sistema de protección?
Este caso ya generó una conmoción enorme en Salta y seguramente seguirá creciendo a medida que avance
la causa.
OPINIÓN DEL PERIODISTA
Otra vez. Otra vez un niño muerto, otra vez un cuerpo pequeño hablando por lo que no pudo decir en vida, otra vez el horror. Y lo más doloroso de todo es que esto ya no se siente como un caso aislado, se siente como una herida abierta que Argentina no logra cerrar.
Thiago tenía apenas 2 años, dos años, una edad en la que un niño debería estar aprendiendo a hablar mejor, a jugar, a reír, a descubrir el mundo desde la inocencia y el amor, no a sufrir, no a ser lastimado, o a morir en manos del ser que se supone te tiene que proteger, cuidar, amar: la mamá. Y, sin embargo, acá estamos otra vez, con bronca, con impotencia, con esa sensación devastadora de que fallamos como sociedad. Porque cuando muere un niño en estas circunstancias, no falla una sola persona fallamos todos, falló el entorno, falló el sistema, fallaron las alarmas que quizás estuvieron y nadie escuchó. Y duele porque esta historia inevitablemente nos devuelve a nombres que todavía siguen lastimando: Lucio Dupuy, Ángel González, nombres distintos, historias distintas, pero el mismo horror, niños vulnerados por quienes debían cuidarlos, eso es lo que más estremece.
La violencia no llegó desde afuera, estaba adentro, en el lugar que debía ser refugio y eso debería sacudirnos profundamente, porque no alcanza con indignarnos cuando pasa una tragedia, no alcanza con llorar frente a una noticia, hay que preguntarnos seriamente cuántos Thiagos más hacen falta, cuántos Lucios más, cuántos Ángeles más, cuántas infancias rotas más.
¿Hasta cuándo, hasta cuándo vamos a seguir llegando tarde? Porque cuando la Justicia interviene después de la muerte, ya es demasiado tarde, y esa es la verdad más dolorosa de todas, más dolorosa que estas líneas, porque quien escribe siente dolor, mucho dolor e impotencia...