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Con la carne como un lujo, lanzan una feria con precios hasta un 50% más bajos

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En un escenario donde el consumo de carne atraviesa uno de sus momentos más difíciles de los últimos años, la Municipalidad de Salta pondrá en marcha mañana la primera edición de la Feria de la Carne, una propuesta que ofrecerá cortes vacunos, pollo y pescado con precios hasta un 50% inferiores a los habituales del mercado.

La actividad se desarrollará el viernes 19 de junio, entre las 9 y las 16, en Plaza España, y contará con la participación de productores y proveedores que comercializarán sus productos directamente al público.

La iniciativa surge en medio de una sostenida pérdida del poder adquisitivo de las familias y de una marcada retracción en el consumo de alimentos. Según datos de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (CICCRA), el consumo anual por habitante descendió a 47,5 kilos, el registro más bajo de las últimas dos décadas.

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La realidad también impacta en Salta. Referentes del sector señalan que durante el último año los precios de la carne acumularon aumentos superiores al 70%, mientras que las ventas registraron una caída estimada de entre el 10% y el 15%.

Desde el municipio indicaron que la propuesta busca acercar productos esenciales a precios más accesibles y aliviar, al menos parcialmente, el impacto que la inflación genera sobre la economía familiar.

La Feria de la Carne forma parte de un esquema que la comuna pretende sostener en forma periódica, con nuevas ediciones previstas en distintos barrios de la ciudad.

Algunas de las ofertas anunciadas

Carne vacuna: Blando común: $9.999 por kilo; Blando especial: $12.990 por kilo; Costilla especial: $13.500 por kilo; Asado surtido (pack de 2 kg): $16.990; Pack para locro: $19.999; Costeleta de cerdo: $5.999 por kilo.

Pollo: Pollo entero: $2.899 por kilo; Pata muslo: 3 kilos por $8.499; Bifes de pollo: $6.333 por kilo.

Pescado: Merluza: $6.699 por kilo; Sábalo entero: $6.499 por kilo; Atún: $10.899 por kilo; Boga: $7.899 por kilo; Filet de sábalo: $9.899 por kilo.

OPINION DEL PERIODISTA

La iniciativa de la Municipalidad me parece acertada, tanto desde el punto de vista económico como social. En tiempos donde cada visita al supermercado o a la carnicería se convierte en un ejercicio de cálculo y resignación, cualquier medida que permita aliviar el bolsillo de las familias merece ser valorada.

Sin embargo, más allá del beneficio inmediato que representa poder comprar carne con descuentos de hasta un 50%, la propuesta deja planteada una pregunta que no debería pasar desapercibida.

¿Cuál es realmente la rentabilidad que deja la venta de carne?

Porque la situación económica es difícil para todos. Lo es para el trabajador que ve cómo su salario pierde poder adquisitivo mes a mes, para el jubilado que debe elegir qué compra y qué deja para otro momento, pero también para el comerciante que enfrenta aumentos constantes en costos, impuestos, alquileres y servicios.

Sin embargo, si mañana es posible ofrecer carne con descuentos tan significativos y aun así sostener la actividad comercial, resulta inevitable preguntarse cuánto margen existe entre el precio que paga habitualmente el consumidor y el precio que efectivamente necesita el vendedor para continuar trabajando.

No se trata de acusar a nadie ni de desconocer las dificultades del sector. Se trata simplemente de entender por qué un producto tan arraigado en la mesa de los argentinos se ha convertido para muchas familias en un lujo ocasional.

La caída histórica del consumo de carne no es una casualidad. Es la consecuencia directa de salarios que corren detrás de la inflación y de precios que avanzan más rápido que los ingresos. Y cuando una familia deja de comprar carne, no está cambiando un gusto por otro; está resignando calidad alimentaria.

Por eso celebro esta feria. Porque permite que miles de vecinos accedan a productos esenciales a un precio más razonable. Pero también porque deja al descubierto una realidad incómoda: si durante un día se puede vender mucho más barato, quizás sea momento de discutir seriamente por qué el resto de los días resulta tan caro.

Y esa discusión no debería involucrar solamente a los comerciantes. También debería alcanzar a la cadena completa de formación de precios, a la carga impositiva y a un modelo económico que ha logrado algo impensado para un país ganadero: que comer carne se convierta, para muchos argentinos, en un privilegio y no en una costumbre.

La feria dura un día. El problema del bolsillo de los argentinos, lamentablemente, sigue abierto los otros 364.

OPINIÓN DEL PERIODISTA

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