“Viejo no es el que acumula años. Viejo es el que se acuesta sin esperanzas ni sueños, y se levanta sin objetivos”.
Bajo esa premisa, en la cada vez más atractiva San Salvador de Jujuy —que aun respiraba clima de carnaval— se disputó el torneo de Maxibásquet masculino durante los días viernes 20, sábado 21 y domingo 22 de febrero, prolongando la fiesta, al menos en su versión deportiva.


Participaron equipos de Catamarca (Contadores), Santiago del Estero (Los Amigos de Miguel), Tucumán (UTN), Salta (Salta Senior y Libertad) y Jujuy (San Pedro Básquet, Ciudad Nieva, San José y Sirio).
Los organizadores estructuraron la competencia en tres categorías: +50, +60 y +65 años.
Para muchos —podría decirse que para buena parte de la sociedad— los protagonistas de este torneo podrían ser considerados “jubilados de la vida”. Sin embargo, quienes estuvieron allí saben que esos jugadores legendarios volvieron a transformarse, durante tres intensos días, en los gladiadores que alguna vez llenaron de gloria a sus provincias.
Es cierto: en algunos comienzan a recortarse los reflejos. Pero la pasión, la hidalguía y la actitud siguen intactas.

Como todo torneo, hubo merecidos campeones: Salta Senior (+50), Libertad (+60) y Sirio (+65). Aunque, en rigor, los verdaderos ganadores fueron todos aquellos deportistas que, pese a las vicisitudes económicas y personales, dijeron presente y volvieron a cumplir con creces.


Organización “casi” perfecta
La elección de los escenarios —la cancha de la Federación Jujeña de Básquet y el estadio de Gorriti— resultó un acierto. La tradicional Cena de la Amistad también estuvo a la altura.
Como detalle menor, quizá valga una sugerencia para los responsables del salón: mejorar el sonido. Muchas de las palabras vertidas por organizadores y premiados no lograron escucharse con claridad. Y si a eso se suma que, producto de los años, el oído ya no responde como antes, la dificultad se potencia.

Estefanía y Cecilia
Las planilleras, un párrafo aparte
Estefanía y Cecilia merecen reconocimiento especial. Más allá de aportar profesionalismo, calidez, belleza y simpatía en su tarea, no dejaron margen para dudas en el control de resultados y estadísticas y lo destacable: soportar las largas jornadas deportivas.
Podría haberse percibido algún guiño arbitral hacia los equipos locales, pero esos silbatos no alteraron lo esencial: la hidalguía y la honestidad deportiva terminaron imponiéndose.


“Lo que pasa en la cancha, queda en la cancha”
La frase, pronunciada por uno de los jugadores al recibir su premio, sintetiza lo vivido. En la cancha hubo fiereza, mañas de la experiencia, algún epíteto inevitable y la tensión propia del juego.
Pero nunca mala intención.
Cada pitazo final selló lo verdaderamente importante: el reencuentro, el abrazo, la amistad renovada.
Un testimonio lo dijo todo. Un jugador de Sirio, de notable trayectoria en la Liga Nacional y que no reside en Jujuy, resumió su experiencia con sencillez demoledora:
“Siento que aquí encontré un grupo de amigos”.
Y acaso ninguna frase refleje mejor el espíritu del torneo que la expresada por Francisco “Pancho” Villalobos:
“Con tan poco somos felices”.

