El Hospital San Bernardo atraviesa una de las mayores transformaciones de su historia. La obra de ampliación y refuncionalización que se encuentra en marcha permitirá aumentar en un 50% la superficie del establecimiento y sumar 106 camas de alta complejidad, además de nueva infraestructura y tecnología destinada principalmente a pacientes críticos.
Según informó el Gobierno de Salta, el proyecto contempla la incorporación de más de 11.000 metros cuadrados y busca ampliar la capacidad de respuesta del principal hospital de referencia de la provincia. Actualmente, los trabajos se concentran especialmente en la construcción del denominado bloque crítico y en el nuevo centro de esterilización. La finalización de la obra está prevista para el primer trimestre de 2027.
Uno de los puntos centrales del proyecto será el nuevo bloque crítico, que estará distribuido en tres niveles.
En la planta baja funcionarán los servicios de cirugía ambulatoria y cirugía general. El primer piso estará destinado a las unidades de terapia intensiva, terapia coronaria y cardiovascular, mientras que el segundo nivel contará con terapia intermedia y una unidad de quemados. De esta manera, el hospital incorporará 106 nuevas camas destinadas a pacientes que requieren atención especializada y cuidados de alta complejidad. La ampliación también contempla nuevos quirófanos y equipamiento tecnológico para fortalecer la atención de pacientes críticos. Entre las incorporaciones anunciadas se encuentra tecnología destinada a mejorar el diagnóstico y tratamiento dentro del hospital.
La obra demanda una inversión superior a US$28 millones y representa una intervención de gran magnitud sobre uno de los establecimientos sanitarios más importantes de Salta. De acuerdo con las autoridades provinciales, la ampliación permitirá mejorar la capacidad de atención frente a la demanda proveniente no solamente de la capital, sino también de distintos puntos de la provincia que requieren derivaciones hacia centros de mayor complejidad. El avance de los trabajos ronda actualmente el 60%, según declaraciones realizadas por el jefe de Gabinete, Sergio Camacho, quien señaló que el objetivo es que la obra pueda estar terminada entre febrero y marzo del próximo año.
¿Qué significa para los pacientes?
Más allá de los metros cuadrados, las nuevas camas y la tecnología, la ampliación del San Bernardo representa un dato especialmente relevante para la salud pública: aumentar la capacidad de respuesta de un hospital que recibe pacientes de toda la provincia.
En un sistema sanitario donde una derivación puede significar cientos de kilómetros para una familia, disponer de mayor capacidad de terapia, quirófanos y atención especializada no es solamente una cuestión de infraestructura.
La transformación del San Bernardo apunta, precisamente, a que una mayor cantidad de pacientes puedan recibir tratamientos de alta complejidad dentro del sistema público provincial y que el hospital pueda responder a una demanda cada vez más exigente. La obra todavía está en construcción y será durante su puesta en funcionamiento cuando podrá medirse su verdadero impacto. Por ahora, el proyecto marca una de las mayores intervenciones recientes sobre la infraestructura sanitaria pública de Salta.
OPINIÓN DEL PERIODISTA
Hay hospitales que son edificios y hay hospitales que, con el paso de los años, terminan formando parte de la historia de una sociedad y para muchos salteños, el Hospital San Bernardo es eso, es el lugar al que se llega cuando la salud está en juego, es donde muchas familias encontraron una respuesta cuando no había demasiadas alternativas, es también un hospital que ha recibido críticas —por la falta de camas, de recursos, de personal o por las demoras en la atención—, y esas críticas no deberían ignorarse, porque también forman parte de su realidad.
Y esa realidad, también me tocó a mí. Por eso sería injusto reducir al San Bernardo solamente a sus carencias, porque en mi caso, hablar del San Bernardo es hablar de mi papá.
Él tiene cinco stents, una prótesis en la aorta y atravesó varios episodios cardíacos que terminaron con internaciones por infartos. Cada vez que su situación fue realmente delicada, terminó en ese hospital y en esas circunstancias conocí, desde el lugar más angustiante que puede ocupar una hija, a profesionales que no voy a olvidar, cardiólogos de enorme capacidad, médicos y trabajadores de la salud que hicieron su trabajo con profesionalismo y humanidad, por eso, cuando escucho que el San Bernardo va a crecer, que incorporará nuevas camas, más superficie, nuevos espacios y tecnología, no puedo pensar solamente en ladrillos, pienso en personas, pienso en pacientes, pienso en familias que esperan y pienso, también, en todo lo que esta ampliación podría significar si se acompaña de algo fundamental: más personal y mejores condiciones para trabajar. Porque una infraestructura nueva, por sí sola, no garantiza una salud de calidad.
Podemos construir más habitaciones, incorporar tecnología y sumar camas, pero si no hay médicos, enfermeros, técnicos, radiólogos, personal administrativo, trabajadores de limpieza y todos los profesionales necesarios para sostener ese hospital, la obra queda incompleta y ahí está mi deseo: Que esta ampliación no sea solamente una enorme obra que podamos mostrar en fotografías, que sea un hospital que pueda atender más y mejor, que una persona con una enfermedad de riesgo no tenga que esperar meses para conseguir un turno, que una familia no tenga que pasar horas intentando comunicarse para conseguir una cita, que sacar un turno no dependa de estar conectado exactamente el día y la hora en que se habilita una línea.
Y ese deseo surge también por lo vivido con mi papá.
Lo digo porque también lo viví en sus controles, conseguir un turno podía convertirse en una verdadera carrera contra el tiempo, había que esperar hasta el día indicado, estar pendiente de cuándo se habilitaban las líneas y, si no conseguías lugar, esperar nuevamente.
Y cuando hablamos de cardiología, de controles posteriores a infartos o de pacientes con antecedentes coronarios, el tiempo no debería ser un privilegio.
Por eso celebro esta obra, la celebro de verdad, porque el San Bernardo merece crecer, los salteños merecen tener un hospital público capaz de responder a las necesidades de una población que también creció y cuya demanda sanitaria es cada vez mayor.
Pero también quiero que esa inversión sea cuidada, que cada peso destinado a esta ampliación se traduzca en salud, en equipamiento, en profesionales, en mejores condiciones laborales, en mantenimiento, en atención, en turnos disponibles, en respuestas.
No quiero que una obra de esta magnitud termine siendo solamente una fachada bonita para una fotografía o una herramienta de propaganda política. Quiero que dentro de diez años podamos mirar ese edificio y decir: valió la pena. Que los salteños podamos decir que allí se salvaron vidas, que se redujeron las esperas, que hubo más profesionales, que los pacientes fueron atendidos dignamente y que la salud pública salió fortalecida.
Porque ampliar el San Bernardo no debería significar solamente tener más camas, debería significar tener más oportunidades de vivir. Y si esta obra logra eso, entonces no habrá sido una obra para un gobierno, ni para una campaña, ni para una gestión, habrá sido una obra para los salteños y eso, en definitiva, es lo que verdaderamente importa.