En la votación más ajustada de la historia moderna de Brasil, el líder del PT venció por más de 4,3 millones de votos al senador opositor Flávio Bolsonaro, hijo de Jair Bolsonaro. Lula fue reelecto presidente y logró su cuarto mandato en balotaje infartante con un resultado que reconfigura el tablero geopolítico y comercial de Sudamérica.
Victoria milimétrica en las urnas
De acuerdo a los datos oficiales del Tribunal Superior Electoral (TSE) ayer domingo 25 de octubre a las 21:14, con el 99,77% de las secciones totalizadas, Luiz Inácio Lula da Silva se impuso con el 51,75% - 51,76% de los votos válidos frente al 48,24% - 48,25% de Flávio Bolsonaro.
Lula logró revertir la tendencia del pasado 4 de octubre -donde Flávio había terminado primero- y asumirá un histórico cuarto mandato presidencial hasta 2031, al frente de la mayor economía de la región. Diferencia: 4.350.257 votos.
Denuncias y jornada extendida
Los comicios estuvieron marcados por altísima tensión logística. La votación debió prorrogarse de manera excepcional por dos horas en varias regiones debido a retrasos generalizados y severas denuncias de la oposición por supuesta retención de colectivos y trabas en el transporte público, confirmó Reuters: "elección conturbada y marcada por un adiamento (en portugués significa aplazamiento, retraso o prórroga) de última hora no fechamento das urnas devido a problemas no transporte público". Las últimas encuestas anticipaban victoria ajustada de Flávio Bolsonaro, pero el escrutinio dio vuelta el resultado.
El impacto para la Argentina
La victoria de Lula representa un cambio de aire inmediato para el Mercosur. Mientras el gobierno de Javier Milei sigue de cerca el impacto cambiario y los acuerdos comerciales bilaterales, los sectores del arco político local se dividen entre la preocupación por el fortalecimiento del eje progresista y la necesidad de mantener pragmatismo con nuestro principal socio comercial, que representa el 25% de las exportaciones argentinas.
OPINIÓN DEL PERIODISTA
El péndulo y la cachetada del pragmatismo
La reelección de Lula con 51,75% contra 48,25% no es un triunfo de la izquierda. Es la cachetada de un pueblo que dijo NO a una dinastía. Brasil no quiso coronar al hijo de Bolsonaro como heredero. No quiso a Flávio, el senador que terminó primero el 4 de octubre y que las encuestas daban ganador hasta el sábado a las 19 horas.
Este resultado es un misil en la línea de flotación de la estrategia internacional de Javier Milei. El Presidente argentino se quedó sin su principal aliado ideológico en la región. Apostó todo a que ganaba el clan Bolsonaro, viajó a ver a Jair, lo recibió a Flávio, lo llamó 'amigo'. Ayer, el amigo perdió por 4.350.257 votos.
¿Y ahora? Ahora no hay foro de Davos que valga. No hay tuit que arregle que Brasil -que nos compra el 25% de lo que exportamos, que nos provee el 70% de los autos y autopartes, que es nuestro socio en Vaca Muerta y en el litio- esté en manos de un tipo que piensa exactamente lo opuesto a Milei en todo: Estado, industria, Mercosur, China, aranceles.
El desafío de la Casa Rosada a partir de este lunes no es discursivo. Es de supervivencia económica. O Milei entiende que la economía real no vota en X, que las fábricas de Córdoba y las pymes de Salta necesitan que Brasil nos compre y no que le hagamos un cordón sanitario ideológico, o nos vamos a comer una recesión técnica -que ya entra el 24 de noviembre con caída de 1,7%- con un socio comercial enojado.
Lula lo dijo el domingo a las 01:24 AM: 'Este país no acepta ser el patio trasero de nadie'. Traducción para Buenos Aires: Brasil no va a ser el patio trasero de la motosierra. Va a negociar duro, va a exigir, va a poner condiciones en el Mercosur, va a abrazarse a China y va a mirar a la Argentina de Milei con desconfianza.
El péndulo sudamericano volvió a girar. Como siempre, sin pedir permiso. La pregunta no es si a Milei le gusta Lula, sabemos que no. La pregunta es si Milei tiene un plan B para cuando su socio más importante no piensea como él, sabemos que Lula mira diferente. Desde ayer, 26 de octubre, la respuesta es no, creemos que Milei no tiene un plan B.
Y eso, es peligroso para todos.