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Julián Álvarez, el ejemplo de que la salud mental no está separada de la realidad económica y social

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Julián Álvarez es campeón del mundo, juega en uno de los grandes clubes de Europa y construyó una carrera que millones de argentinos admiran. Sin embargo, las últimas semanas volvieron a poner sobre la mesa una realidad que muchas veces queda escondida detrás del éxito: la salud mental también puede verse afectada por la presión, la incertidumbre y la angustia.
En medio de las versiones sobre su futuro en el Atlético de Madrid, circularon informaciones que aseguraban que el delantero argentino habría presentado un informe médico con un diagnóstico de depresión. Hasta el momento, no existe una comunicación oficial de Julián, del club o de su entorno que confirme públicamente ese diagnóstico, por lo que debe ser considerado una versión periodística y no un hecho médico comprobado.
Lo que sí está documentado es que Juan Manuel Brindisi, psicólogo de las Selecciones Argentinas, habló sobre la situación y señaló que los mercados de pases pueden convertirse en momentos de “máximo estrés y vulnerabilidad” para los futbolistas. También remarcó que, ante una situación de depresión, la prioridad debe ser cuidar a la persona. Pero el caso de Julián abre una conversación que va mucho más allá del fútbol.

*Una Argentina atravesada por el malestar*
Los datos disponibles muestran una realidad preocupante. Un relevamiento de Statista Consumer Insights 2025 indicó que el 49% de los argentinos encuestados manifestó haber experimentado estrés y ansiedad frecuentes durante los 12 meses anteriores.
A su vez, un informe publicado en 2026 por la revista de Salud Pública bonaerense registró un aumento del 77% en las internaciones por motivos de salud mental entre 2019 y 2025, según datos de ocho jurisdicciones.
Otro estudio de la Universidad Siglo 21 señaló que uno de cada tres encuestados presentaba síntomas frecuentes de ansiedad o depresión durante el primer semestre de 2026.
Y en Salta, el secretario de Salud Mental y Adicciones, Martín Teruel, advirtió sobre el impacto del endeudamiento y las dificultades para afrontar gastos básicos como alimentos, medicamentos, luz y gas sobre el bienestar psicológico.
Porque detrás de cada estadística hay una persona. Alguien que no sabe cómo llegar a fin de mes, que se preocupa por sus hijos, que no sabe cómo pagar una factura o comprar un medicamento y que, aun así, al día siguiente tiene que levantarse y seguir.
La salud mental no puede quedar separada de la realidad económica y social.
Y quizás el caso de Julián nos recuerde justamente eso: no hace falta tenerlo todo para necesitar ayuda.

OPINIÓN DEL PERIODISTA
Hay una frase que me quedó dando vueltas después de conocer todo esto: ¿qué pasa con quienes no tienen la posibilidad de parar?
Porque Julián puede ser una estrella mundial, puede tener una carrera extraordinaria y puede contar con profesionales que lo acompañen. Y, aun así, si las versiones sobre su estado emocional fueran ciertas, quedaría demostrado algo que necesitamos entender de una vez: la salud mental no distingue entre ricos y pobres, famosos y desconocidos.
Pero para quien vive contando las monedas, la angustia puede tener una dimensión todavía más cruel, porque no siempre podemos darnos el lujo de parar; hay madres que lloran en silencio y al día siguiente tienen que levantarse para preparar a sus hijos, hay padres que están desesperados por las deudas, pero igual salen a trabajar, hay personas que no saben cómo van a pagar la luz, hay quienes tienen que elegir entre comprar medicamentos o comprar comida y hay quienes sienten que no pueden más, pero miran a sus hijos y siguen, siguen porque tienen que seguir.
Por eso creo que hablar de salud mental también es hablar de la realidad social en la que vivimos.
No podemos pedirle a una persona que simplemente “maneje el estrés” cuando la causa de ese estrés es no saber si va a poder alimentar a su familia. No podemos decirle a alguien que “piense positivo” cuando lleva meses buscando trabajo. No podemos naturalizar que dormir mal, vivir angustiado, estar permanentemente preocupado o sentir que todo cuesta demasiado sea simplemente “la vida”. Algo está pasando y los números empiezan a mostrárnoslo.
Quizás el caso de Julián Álvarez nos ayude a entenderlo desde otro lugar. No porque su situación sea igual a la de millones de argentinos, sino precisamente porque nos recuerda que detrás de una realidad siempre hay una persona, incluso cuando parece tenerlo todo. La salud mental no debería ser un privilegio, pedir ayuda tampoco.
Y si hay algo que esta Argentina necesita recuperar, además de la tranquilidad económica, es la posibilidad de que sus habitantes puedan volver a mirar el futuro sin sentir que cada día es simplemente otra batalla en la que hay que sobrevivir.

OPINIÓN DEL PERIODISTA

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