“Hay que mejorar la calidad educativa”. La frase aparece una y otra vez en el debate público
argentino. La pronuncian funcionarios, especialistas, familias, dirigentes y también docentes.
El problema es que, muchas veces, cuando se habla de calidad educativa se habla casi
exclusivamente de resultados.
Cuánto leen los estudiantes, cuánto comprenden, cuánto resuelven en matemática, cuántos
terminan la escuela, cuántos faltan, cómo responden en una evaluación. Todos esos indicadores
importan, pero existe una pregunta que pocas veces ocupa el centro de la discusión: ¿En qué
condiciones se está enseñando y en qué condiciones están aprendiendo los estudiantes?
La calidad no empieza en una evaluación. La Ley de Educación Nacional establece que el Estado debe
garantizar las condiciones materiales y culturales necesarias para que los alumnos alcancen
aprendizajes de buena calidad. También señala la importancia de la formación docente y establece
que las escuelas deben contar con los recursos materiales necesarios para garantizar una educación
de calidad, es decir, la propia legislación argentina entiende la calidad educativa como algo mucho
más amplio que una prueba, porque aprender no ocurre en el vacío, ocurre dentro de un aula, con
un docente, con determinada cantidad de estudiantes, con determinados recursos, con una escuela
que puede tener una biblioteca, laboratorio, conectividad, calefacción, ventilación, espacios
adecuados o, en algunos casos, enormes dificultades para garantizar condiciones básicas. Y todo eso
también educa.
¿Qué dicen quienes están dentro de las escuelas?
Un informe elaborado en 2026 por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, junto con
Asociación Conciencia, relevó las percepciones de docentes, directivos y otros educadores de
escuelas secundarias de Argentina. El estudio encontró una mirada crítica sobre el estado general del
sistema educativo. Entre los problemas que aparecen con mayor frecuencia se encuentran la falta de
motivación de los estudiantes, el ausentismo, la percepción de una menor exigencia académica y la
desmotivación docente.
El informe también plantea una particular “paradoja educativa”: quienes trabajan dentro del sistema
tienden a evaluar de manera más crítica al sistema educativo nacional que a sus propias
instituciones. Pero hay una aclaración importante: el estudio se concentró en cuestiones
pedagógicas, organizacionales e institucionales y no relevó específicamente salarios docentes ni
condiciones edilicias. Y justamente ahí aparece una parte del debate que no debería quedar afuera.
¿Qué pasa con quienes enseñan?
Cuando se habla de mejorar la educación, es lógico pedir mejores prácticas pedagógicas, formación
permanente y compromiso profesional. Pero también es necesario preguntarse qué condiciones
tiene el docente para desarrollar esa tarea. Un docente no solamente entra al aula y enseña,
planifica, corrige, evalúa, prepara materiales, acompaña trayectorias, atiende situaciones de
convivencia, trabaja con familias, responde a necesidades educativas diversas, participa de
reuniones, completa documentación, y, muchas veces, trabaja en más de una institución.
La calidad de la enseñanza no depende exclusivamente de la voluntad individual del docente.
Depende también de las condiciones en las que esa tarea se desarrolla.
Y del otro lado están los estudiantes
La misma discusión puede trasladarse a los alumnos. Es difícil hablar de igualdad educativa cuando
los puntos de partida son profundamente diferentes. No todos los estudiantes llegan a la escuela con
las mismas oportunidades. No todos tienen el mismo acceso a libros, conectividad, alimentación
adecuada, acompañamiento familiar, espacios tranquilos para estudiar o recursos tecnológicos.
Tampoco todas las escuelas tienen las mismas condiciones. Por eso, evaluar los aprendizajes es
necesario, pero interpretar esos resultados sin mirar el contexto puede ofrecer una fotografía
incompleta de la realidad educativa.
En Salta, por ejemplo, el propio Departamento de Calidad Educativa trabaja con distintos dispositivos
de evaluación de aprendizajes. Durante 2026 se implementó el
operativo EGRA para evaluar habilidades iniciales de lectura en estudiantes de primero, segundo y
tercer grado. La provincia explica que estas evaluaciones buscan producir información para fortalecer
la enseñanza y no simplemente calificar a los alumnos.
Ese enfoque resulta fundamental: evaluar para saber dónde están las dificultades y tomar decisiones.
No evaluar para encontrar culpables.
OPINIÓN DEL PERIODISTA
Hablar de calidad educativa no debería obligarnos a elegir entre exigir más a los estudiantes y
docentes o reclamar mejores condiciones para enseñar y aprender. La discusión necesita salir de esa
falsa disyuntiva.
Sí, necesitamos estudiantes más comprometidos, mayor exigencia académica y docentes que puedan
enseñar con herramientas y formación permanente. Pero también necesitamos escuelas con
recursos, infraestructura adecuada, acompañamiento y condiciones que permitan que esa exigencia
sea posible. Incluso la propia Ley de Educación Nacional entiende la calidad desde una mirada
integral.
Como periodista y también como docente, creo que no podemos hablar de calidad educativa
mirando solamente el resultado final. Detrás de cada aprendizaje hay un estudiante, un docente, una
familia y una escuela atravesada por una realidad concreta.
Exigir está bien. Evaluar también. Pero la pregunta que deberíamos hacernos es otra: ¿qué estamos
haciendo para que docentes y estudiantes tengan realmente las condiciones necesarias para
responder a esa exigencia?
Porque una educación de calidad no se construye solamente pidiendo mejores resultados. Se
construye generando las condiciones para que esos resultados sean posibles ya que hablar de calidad
educativa es hablar de resultados, pero también es hablar de derechos y si el objetivo es que todos
los chicos aprendan más y mejor, entonces la discusión no puede terminar señalando al docente o al
alumno.
Tiene que empezar preguntándose qué condiciones estamos dispuestos a garantizar para que
enseñar y aprender sean realmente posibles.