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Los Grafitis en las escuelas de Salta generan detenidos, miedo, pero ¿pueden hacerse realidad?

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La ola de amenazas de tiroteos escaló en gravedad. En Salta ya hay estudiantes detenidos y se investigan vínculos con armas. El Gobierno reconoce la situación y refuerza medidas.
Las amenazas de tiroteos en escuelas ya no pueden leerse únicamente como mensajes aislados o bromas de mal gusto ya que en los últimos días se convirtió en un fenómeno que dejó de ser solo virtual, lo que comenzó como advertencias escritas en baños, paredes o difundidas en redes sociales, empezó a escalar en distintos puntos del país, en un fenómeno que incluso se replica en otros países de la región.
En Salta, como en otras provincias, el miedo dejó de ser una posibilidad lejana y comenzó a instalarse dentro de las aulas ya que en distintos establecimientos educativos reportaron mensajes intimidatorios con frases como “mañana tiroteo”, algunos incluso con fechas concretas.
Según información difundida por medios locales, varias instituciones se vieron afectadas, lo que derivó en: suspensión de clases en algunos turnos, intervención policial, activación de protocolos escolares, reuniones urgentes con padres.
El clima en las escuelas cambió, hoy la preocupación ya no es solo educativa, sino también de seguridad. El punto más alarmante se conoció en las últimas horas, estudiantes fueron detenidos en el marco de la investigación por las amenazas.
De acuerdo a lo informado por el diario El Tribuno, se registraron al menos cuatro detenidos y dos demorados, tras allanamientos en los que se analizaron celulares y grupos de mensajería donde circulaban mensajes violentos. En ese contexto, los investigadores detectaron: imágenes de armas vinculadas a estas amenazas, este dato marca un quiebre: ya no se trata solo de mensajes, sino de indicios concretos que elevan el nivel de riesgo
Frente a esta situación, la ministra de Educación de Salta, Cristina Fiore, fue contundente “No es un juego, no es un chiste, no es una broma”, afirmó en declaraciones a medios, además, confirmó que: se activaron protocolos en las escuelas, se trabaja con la Justicia y fuerzas de seguridad como así también se está investigando posibles vínculos con desafíos virales. La funcionaria también remarcó un dato preocupante: muchos de los involucrados son menores de edad lo que evidencia que el problema no es externo, sino que se está gestando dentro de las propias comunidades educativas.
Lo que ocurre en Salta no es un caso aislado ya que en distintas provincias se registraron amenazas similares, con características repetidas: mensajes breves y violentos, circulación rápida en redes sociales, fuerte impacto en la comunidad
Especialistas advierten que podría tratarse de un fenómeno viral, pero coinciden en algo clave: el miedo que genera es real.
Uno de los principales riesgos es minimizar estas situaciones porque quedamos entre la “broma” y el peligro real incluso cuando se trata de una supuesta broma: el miedo ya está instalado, la angustia ya existe, el riesgo ya está presente
Y cuando aparecen casos concretos, como detenidos o imágenes de armas, la línea entre amenaza y realidad se vuelve cada vez más delgada.
Lo que está pasando en Salta marca un cambio profundo, las escuelas ya no enfrentan solo desafíos educativos, enfrentan un problema de seguridad, social y cultural, y la pregunta que queda es inevitable: ¿se está actuando a tiempo o se está esperando a que sea demasiado tarde?

OPINIÓN DEL PERIODISTA

Las amenazas de tiroteos son difíciles de explicar, pero son muy fáciles de sentir. Porque ya no generan solo sorpresa si no también generan miedo y generan un pánico colectivo tanto en familias, en alumnos como en docentes. Y en Salta, ese miedo ya dejó de ser una posibilidad para convertirse en una realidad concreta porque ahora hay un dato que cambia todo: hay estudiantes detenidos, hay investigaciones en curso, hay imágenes de armas vinculadas a estas amenazas y entonces ya no alcanza con decir que es una broma porque cuando aparecen armas, la broma se termina.
Es un error el minimizar, durante días se intentó explicar esto como un “juego” como algo viral, como una travesura adolescente, pero hay algo que no se puede ignorar: nadie juega con la vida de un chico porque el problema nunca fue solo el mensaje, el problema es lo que hay detrás. Estos casos obligan a mirar más allá de la amenaza ¿Qué está pasando con los adolescentes?, ¿Qué estamos haciendo mal como sociedad?, ¿Qué los atraviesa emocionalmente?
El caso de San Cristóbal mostró algo clave: el agresor había dado señales y no fueron tomadas en serio y eso es lo que más debería preocupar porque cuando las amenazas se naturalizan, cuando se interpretan como chistes, cuando no se interviene a tiempo el riesgo deja de ser potencial y pasa a ser real.
¿Quién escribe “mañana tiroteo”? ¿Desde qué lugar emocional lo hace? ¿Desde qué historia de vida?
Porque las amenazas no aparecen de la nada siempre hay algo detrás algo que se viene acumulando, algo que no se escuchó, algo que no se contuvo, y ahí es donde como adultos tenemos que hacernos cargo. ¿qué está pasando con los adolescentes?, ¿qué estamos dejando pasar?, ¿qué no estamos entendiendo? Porque cuando un chico llega a este punto, algo falló antes y está fallando y no es una sola cosa. Es una responsabilidad compartida: la familia, la escuela, el Estado y la sociedad.
Pero hay algo aún más profundo esto no ocurre en el vacío, vivimos en un contexto donde la violencia se volvió cotidiana en las redes, en los medios, en la política. Desde los espacios de poder también se construye un clima.
El propio presidente de la nación, Javier Milei, ha utilizado y utiliza expresiones de extrema dureza hacia sus adversarios políticos. En una de sus declaraciones más polémicas, llegó a decir que le gustaría ver a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner “en una tumba”, en el marco de sus críticas. A esto se suman los constantes insultos, descalificaciones y agresiones que se repiten en distintos ámbitos institucionales, incluso dentro del propio Congreso.
Y cuando la violencia se vuelve lenguaje cotidiano, deja de ser excepción y empieza a ser modelo y entonces la pregunta es inevitable: si nuestros representantes se agreden, se insultan y se amenazan, ¿qué esperamos que pase en las escuelas? Los chicos no viven aislados absorben, Imitan, reproducen y en ese contexto, la violencia deja de ser ajena y empieza a formar parte de lo posible lo cotidiano.
Lo que está pasando no se puede tomar como una broma, es grave, es serio, y es urgente. cada familia tiene un rol, cada docente también, cada institución, el Estado, la sociedad entera, todos, por ende, esto no es solo un problema de seguridad es un problema social, es un problema cultural, es un problema que nos involucra a todos. porque cuando la violencia se naturaliza, cuando el dolor se minimiza, cuando el miedo se vuelve parte de lo cotidiano, el peligro deja de ser una posibilidad y empieza a ser una consecuencia.
Y la pregunta que queda flotando —incómoda, urgente, necesaria— es: ¿vamos a esperar a que pase algo para reaccionar o vamos a empezar a hacer algo ahora?

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