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No son cosas: Salta endurece las sanciones por maltrato y abandono animal

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El Concejo Deliberante aprobó por unanimidad cambios en la normativa municipal que reconoce a los animales como seres sintientes. La reforma amplía las infracciones por abandono y maltrato, e incorpora sanciones más severas para quienes incumplan sus responsabilidades.
La protección animal suma nuevas herramientas en la ciudad de Salta. El Concejo Deliberante aprobó modificaciones a la Ordenanza Nº 16.029 de Cuidado Responsable de Animales de Compañía, con el objetivo de fortalecer la prevención y sanción del maltrato y el abandono.
Uno de los principales avances es la incorporación expresa del concepto de sintiencia animal: el reconocimiento de que los animales son seres capaces de experimentar sensaciones y estados afectivos, y que merecen respeto, protección y un trato digno.
La reforma amplía las conductas sancionables, entre ellas el abandono en espacios públicos y propiedades privadas, las condiciones inadecuadas de alojamiento y determinadas omisiones graves en su cuidado. También contempla sanciones accesorias, como la suspensión o inhabilitación para conducir por hasta dos años cuando se utilice un vehículo para cometer estas infracciones.
Además, se prevé dar intervención a las autoridades policiales o al Ministerio Público Fiscal cuando existan indicios de posibles delitos contemplados en la Ley Nacional Nº 14.346 de protección animal.
La iniciativa fue impulsada por la concejala Eliana Chuchuy. Durante su tratamiento, se señaló que el 80 % de los animales que se encuentran en el Centro de Adopciones Municipal Nicolás Mancilla son víctimas de situaciones de maltrato o abandono, un dato que dimensiona la gravedad del problema.
La modificación normativa representa un avance, pero el desafío continúa: lograr que las sanciones se apliquen, que las denuncias reciban respuestas y que la responsabilidad hacia los animales deje de ser una declaración para convertirse en una práctica cotidiana.

OPINIÓN DEL PERIODISTA
Hay una pregunta que deberíamos hacernos como sociedad: ¿en qué momento alguien puede mirar a un animal que confió en él, que dependió de sus cuidados y que lo acompañó con una fidelidad inmensa, y decide abandonarlo como si no valiera nada?
Un animal no es un objeto que se compra, se usa y se descarta cuando deja de ser conveniente. Es un ser vivo, capaz de sentir dolor, miedo y bienestar. Puede reconocer a quien lo cuida, buscar compañía y sufrir cuando es maltratado o abandonado. No necesita hablar nuestro idioma para experimentar lo que le hacemos.
Por eso, el reconocimiento de los animales como seres sintientes en la normativa municipal es un paso importante. Porque detrás de cada caso de abandono hay una vida expuesta al hambre, la enfermedad, el frío, los accidentes y la indiferencia. Y detrás de cada acto de crueldad hay una responsabilidad humana que no puede justificarse con excusas.
Quien incorpora un animal a su vida asume un compromiso que no debería terminar cuando aparecen las dificultades. Cuidarlo implica alimentarlo, atender su salud, ofrecerle protección y comprender que depende de nosotros. No es un juguete para los días felices ni una carga de la que podemos deshacernos cuando deja de resultarnos cómoda su presencia.
Las sanciones más severas son necesarias, pero no alcanzan por sí solas. También necesitamos educación, campañas de concientización, castraciones accesibles, adopciones responsables y canales de denuncia que funcionen. Necesitamos enseñar desde la infancia que la vida de un animal merece respeto y que la crueldad no puede naturalizarse.
Y hay algo más: una sociedad no demuestra su humanidad solamente en la manera en que trata a las personas, sino también en cómo responde ante quienes no pueden defenderse por sus propios medios.
Los animales no necesitan que los tratemos como humanos; necesitan que los tratemos con humanidad.
Que esta modificación no quede solamente escrita en una ordenanza. Que se traduzca en protección efectiva, en menos abandono, en menos sufrimiento y en más vidas rescatadas. Porque ningún animal debería pagar con su dolor la irresponsabilidad de quien prometió cuidarlo.
No son cosas. No son descartables. Son vidas. Y ninguna vida debería quedar a merced de la indiferencia.

OPINIÓN DEL PERIODISTA

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