La expresidenta cuestionó a gobernadores del interior por su relación con el poder central y deslizó supuestas vinculaciones del mandatario salteño con actores judiciales como el fiscal Stornelli y el falso abogado D’Alessio. La crítica llegó —desde un escenario cargado de tensión judicial— y encontró eco donde menos se esperaba.
Así se configuró una escena poco habitual: sectores ideológicamente opuestos coincidiendo en un mismo blanco, en el centro, el gobernador Gustavo Sáenz.
Una coincidencia incómoda
En Salta, las declaraciones de Cristina encontraron rápida resonancia en la senadora nacional Emilia Orozco, referente de La Libertad Avanza, quien no dudó en utilizar esos argumentos para cuestionar al gobierno provincial.
Lo llamativo no es la crítica —habitual en política— sino su origen.
Porque en este caso, una dirigente libertaria tomó como base el discurso de quien representa, precisamente, el núcleo de aquello que su espacio dice combatir.
Dicho sin rodeos: cuando el blanco es Sáenz, la procedencia del argumento parece volverse secundaria.
Y por este motivo aparece una coincidencia incómoda: libertarios y kirchneristas, hablando —aunque por motivos distintos— un mismo idioma.
El respaldo de Royón
Frente a ese escenario, la ex secretaria de Energía y actual senadora nacional, Flavia Royón, salió a respaldar públicamente al gobernador. No se guardó nada.
Señaló lo que definió como una “contradicción evidente” en el sector que integran Orozco y referentes como Alfredo Olmedo, y advirtió sobre una alineación táctica con el kirchnerismo con un objetivo común: desgastar la figura de Sáenz.
“Los mismos que construyeron su identidad política enfrentando a Cristina, hoy repiten sus palabras y validan sus acusaciones”, afirmó Royón.
Para la exfuncionaria, lo que se observa no es una coincidencia casual, sino un uso oportunista del discurso político.
Cuando conviene
La crítica de Royón apunta a un punto sensible: la utilización selectiva del relato.
“Cuando conviene, Cristina miente. Cuando es útil para operar, parece que no”, ironizó, dejando expuesta —según su mirada— una doble vara en el discurso opositor.
En ese marco, la dirigente planteó que esta convergencia entre sectores enfrentados no responde a una revisión ideológica, sino a una lógica más simple: el objetivo común.
¿Pura conveniencia?
Espacios que históricamente construyeron su identidad en la confrontación, hoy coinciden —aunque sea circunstancialmente— en un mismo planteo, lo que deja a esta situación en una postal llamativa.
No se ponen de acuerdo en casi nada.
Pero cuando se trata de cuestionar a Sáenz, hablan un idioma común.
Y ahí aparece la pregunta incómoda:
¿se trata de una coincidencia ideológica… o de una conveniencia política?
