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Relacionarse con personas tóxicas del trabajo y la familia, puede acelerar el envejecimiento

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Un estudio reciente advierte que los vínculos negativos no solo afectan el estado emocional, sino que también pueden impactar directamente en la salud física y acelerar el envejecimiento biológico.

La información surge de una nota del periodista Adrián Cordellat, publicada en el diario El País de Madrid, donde se analizan los resultados de una investigación difundida en la revista científica PNAS.

Según ese trabajo, las relaciones conflictivas dentro del entorno cercano —aquellas que generan tensión, malestar o desgaste emocional— se asocian con mayores niveles de inflamación, ansiedad, depresión y enfermedades crónicas.

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Pero hay un dato que sobresale: cada persona considerada “tóxica” en el círculo cercano podría sumar hasta nueve meses de envejecimiento biológico.

El peso de los vínculos negativos

El estudio fue liderado por Byungkyu Lee, sociólogo de la Universidad de Nueva York, quien explicó que durante años la ciencia puso el foco en los beneficios del apoyo social, pero no en los efectos nocivos de los vínculos negativos.

“Nuestros resultados muestran que estas relaciones pueden integrarse biológicamente, especialmente cuando se trata de personas centrales en la vida cotidiana”.

En la misma línea, la investigadora Consuelo Borrás, del Instituto INCLIVA, destacó que el trabajo aporta evidencia sólida al demostrar que la calidad de las relaciones sociales es tan importante como factores clásicos del bienestar como la alimentación, el ejercicio o el descanso.

El estrés como acelerador del deterioro

La explicación biológica detrás de este fenómeno estaría vinculada al estrés crónico.

Ya en 2009, la científica Elizabeth Blackburn, premio Nobel de Medicina, demostró que el estrés sostenido acelera el acortamiento de los telómeros, estructuras clave en el envejecimiento celular.

Según el especialista José Viña, este mecanismo sería el mismo que se activa en contextos de relaciones tóxicas con estrés persistente; activación constante del sistema de alerta; inflamación de bajo grado y deterioro progresivo del organismo.

Este proceso, conocido como inflammaging, deja huellas medibles en el ADN.

Un dato que sorprende

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que las relaciones tóxicas con familiares o entornos laborales tienen mayor impacto que las relaciones de pareja conflictivas.

La explicación, según los expertos, es simple pero profunda: de una pareja uno puede separarse; de un padre, un hijo o un jefe… no siempre.

Esa combinación de cercanía obligada y tensión sostenida genera un desgaste emocional más persistente y, por lo tanto, más dañino.

No todo es negativo

Los investigadores coinciden en que el impacto de las relaciones tóxicas puede compensarse con vínculos positivos. Una red de apoyo saludable reduce el estrés, mejora la respuesta inmunológica y contrarresta los efectos del desgaste emocional, pero también advierten algo importante: no se trata de elegir la soledad. La evidencia muestra que la soledad no deseada también es un factor de riesgo grave para la salud.

La clave, entonces, no es la cantidad de relaciones, sino su calidad.

OPINIÓN DEL PERIODISTA

Honestamente, esta nota llamó mi atención, porque en el fondo -o adelante- todos tenemos o tuvimos una relación tóxica cercana. Lo curioso es que según los estudios concluyen que las relaciones tóxicas laborales o de familia, son mucho más peligrosas que las sentimentales.
Además, este tipo de estudios tiene algo incómodo: nos obliga a mirar hacia adentro, porque hablar de “personas tóxicas” siempre es fácil… cuando pensamos en los otros.
Pero no tanto cuando nos preguntamos: ¿qué lugar ocupan esas relaciones en nuestra vida? ¿por qué las sostenemos? ¿cuánto nos cuestan realmente?
La ciencia ahora le pone números a algo que la intuición ya sabía: no todas las relaciones suman.
Algunas desgastan, algunas enferman, algunas, directamente, te van quitando vida sin que te des cuenta.
Y, sin embargo, ahí seguimos, ¿por qué?
¿Por costumbre?, ¿Por culpa?, ¿Por obligación?, ¿Por miedo a quedar solos?
El dato más fuerte de este estudio no es que una relación tóxica acelere el envejecimiento; es que muchas veces sabemos que es tóxica… y elegimos quedarnos igual. Y ahí el problema deja de ser científico, pasa a ser personal.
Hay un “pequeño” detalle que –creo- nunca preguntamos: ¿y qué grado de toxicidad aportamos nosotros al otro?... cri cri…
Al final, la calidad de vida no depende solo de lo que comemos o de cuánto nos movemos, también depende de con quién compartimos la mesa y de cuánto estamos dispuestos a tolerar en nombre de ese vínculo, porque algunas relaciones no dejan cicatrices, son caras… cuestan años.
También sabemos que no todo lo que duele deja cicatriz… algunas relaciones te envejecen en silencio, porque bien es sabido que “no todo lo que brilla, es oro”.

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