La suspensión del servicio nocturno de SAETA comenzó a generar las primeras protestas estudiantiles en la ciudad de Salta. Durante la jornada de este lunes, alumnos terciarios autoconvocados realizaron una sentada y manifestaciones frente a la ex Escuela Normal para reclamar la restitución de los colectivos nocturnos, una medida que consideran fundamental para garantizar el acceso a la educación.
La protesta surgió luego de que entrara en vigencia la suspensión total del servicio nocturno en el área metropolitana, que deja sin circulación a los colectivos entre las 23:30 y las 5:30 de la mañana.
Los estudiantes sostienen que la medida afecta directamente a quienes cursan en horarios vespertinos y nocturnos y dependen exclusivamente del transporte público para regresar a sus hogares.
Cambios en las clases
La situación obligó al Ministerio de Educación de Salta a modificar los horarios de cursado en distintas modalidades educativas.
A partir de esta semana, las actividades presenciales de nivel secundario vespertino, Educación Permanente para Jóvenes y Adultos (EPJA), educación técnica y nivel superior deberán finalizar como máximo a las 21 horas para permitir que estudiantes y docentes alcancen a tomar los últimos colectivos disponibles.
Según informó la ministra de Educación, Cristina Fiore, alrededor de 50.000 estudiantes se ven alcanzados por estas modificaciones. Para compensar las horas perdidas, parte de los contenidos se desarrollarán mediante actividades virtuales, cuadernillos y clases de apoyo.
Los alumnos aseguran que la medida no solo altera horarios, sino que condiciona sus posibilidades de continuar estudiando.
Muchos de ellos trabajan durante el día y cursan por la noche. Otros viven en barrios alejados o en localidades del área metropolitana y dependen exclusivamente del colectivo para asistir a clases.
Por ese motivo decidieron salir a las calles para visibilizar una problemática que, aseguran, los afecta directamente.
OPINIÓN DEL PERIODISTA
Hay algo de todo esto que me genera muchísima bronca. Porque cada vez que en Argentina aparece una crisis, los primeros que terminan pagando las consecuencias son siempre los mismos y esta vez les tocó a los estudiantes.
Nos llenamos la boca hablando de educación. Repetimos hasta el cansancio que los jóvenes tienen que estudiar, capacitarse, esforzarse, superarse. Les decimos que el futuro está en la educación, pero después les sacamos las herramientas para llegar a la escuela. Es una contradicción tan absurda que parece una mala película, porque nadie abandona sus estudios de un día para otro, el abandono empieza mucho antes, empieza cuando el colectivo deja de pasar, empieza cuando volver a casa se convierte en un problema, empieza cuando estudiar deja de ser un derecho y empieza a transformarse en un esfuerzo heroico y mientras tanto, escuchamos discursos sobre meritocracia, como si todos largaran desde el mismo lugar, como si fuera igual estudiar teniendo auto, recursos y tiempo libre que estudiar después de trabajar todo el día, viajar horas y llegar agotado a un aula nocturna.
Lo que están diciendo estos estudiantes en la calle es mucho más profundo que un reclamo por un colectivo, están diciendo algo que debería preocuparnos a todos:
Que poco a poco se está construyendo una sociedad donde acceder a derechos básicos depende cada vez más del dinero que uno tiene en el bolsillo y cuando estudiar empieza a depender de si podés o no pagar cómo volver a tu casa, el problema ya no es el transporte, el problema es el futuro, porque las sociedades no se vuelven injustas de golpe, se vuelven injustas cuando comienzan a poner pequeñas barreras delante de quienes intentan progresar; y cuando el futuro espera en un aula, dejar a un estudiante sin transporte no es un problema de tránsito: es una renuncia silenciosa a la igualdad de oportunidades.
Y hoy esa igualdad de oportunidades tiene forma de parada de colectivo vacía.