El programa nacional «Ver Para Ser Libres» llegó a seis municipios de la provincia y, durante sus primeros tres días de trabajo, realizó más de 464 controles oftalmológicos. En total, 409 anteojos fueron entregados o enviados a confección en laboratorio. La iniciativa continuará recorriendo Salta durante cinco semanas, acercando atención gratuita a niños y adolescentes de entre 6 y 17 años.
La salud visual también es una parte fundamental del aprendizaje. Un niño que no puede ver correctamente el pizarrón, leer un libro o distinguir las actividades que realiza en el aula enfrenta dificultades que pueden repercutir directamente en su rendimiento escolar y en su vida cotidiana.
En ese contexto, el programa nacional «Ver Para Ser Libres» inició una nueva etapa en Salta el pasado 26 de octubre, con dos unidades móviles que recorren simultáneamente distintos municipios de la provincia para realizar controles oftalmológicos y facilitar anteojos gratuitos a niños y adolescentes en edad escolar.
De acuerdo con el balance oficial de los primeros tres días, los equipos profesionales visitaron Salvador Mazza, General Pizarro, Aguaray, Apolinario Saravia, Tartagal y Las Lajitas. En esas localidades se realizaron más de 464 controles oftalmológicos.
Como resultado de las evaluaciones, se entregaron 360 anteojos directamente en territorio y otros 49 fueron derivados a laboratorio para su confección específica, alcanzando un total de 409 anteojos.
¿A quiénes está destinado?
La iniciativa está dirigida a niños y adolescentes de entre 6 y 17 años. Su objetivo es detectar dificultades visuales que puedan afectar el desarrollo, el aprendizaje y la calidad de vida de los estudiantes.
Las unidades móviles cuentan con equipamiento especializado para realizar evaluaciones oftalmológicas y determinar si los chicos necesitan utilizar lentes. Cuando se requiere una graduación o características específicas, se gestiona su fabricación en laboratorio.
Se trata de un trabajo articulado entre el Ministerio de Capital Humano de la Nación y el Ministerio de Desarrollo Social de Salta, que permite acercar estas prestaciones a distintas comunidades, especialmente a localidades del interior provincial.
El recorrido continuará durante noviembre
El operativo se extenderá hasta el 27 de noviembre y contará con dos móviles que trabajarán simultáneamente.
Entre las localidades previstas para la próxima semana se encuentran:
Móvil 1
• 2 de noviembre: Embarcación.
• 3 de noviembre: Dragones.
• 4 de noviembre: Pluma de Pato.
• 5 de noviembre: Morillo.
• 6 de noviembre: Los Blancos.
Móvil 2
• 2 de noviembre: Metán.
• 3 de noviembre: Rosario de la Frontera.
• 4 de noviembre: El Tala.
• 5 de noviembre: La Candelaria.
• 6 de noviembre: El Jardín.
La propuesta continuará recorriendo localidades del norte, sur, centro y los Valles Calchaquíes, ampliando las posibilidades de acceso a controles y anteojos gratuitos.
Más allá de las cifras, cada control representa la posibilidad de detectar un problema a tiempo y cada par de anteojos puede significar un cambio enorme en la vida de un chico.
Porque ver bien no debería ser un privilegio condicionado por la situación económica de una familia. También es una condición necesaria para aprender, desarrollarse y disfrutar plenamente de la infancia y la adolescencia.
OPINIÓN DEL PERIODISTA
Que ningún chico tenga que dejar de ver por falta de dinero. Esta es una de esas noticias que, personalmente, me movilizan muchísimo. Me emociona saber que cientos de niños y adolescentes salteños van a poder acceder gratuitamente a algo tan necesario como unos anteojos.
Y lo digo también desde una experiencia que me toca de cerca. Trabajo en una institución educativa y he visto adolescentes asistir a clases con anteojos rotos, sostenidos con cinta adhesiva, con los cristales rayados o con marcos que ya no se ajustaban a sus rostros. En alguna oportunidad pregunté por qué no los cambiaban y la respuesta fue tan sencilla como dolorosa: «Mis papás no tienen plata».
Detrás de esa respuesta hay una realidad que no podemos ignorar. Hay familias que hacen enormes esfuerzos para cubrir las necesidades básicas y para las que comprar un par de anteojos representa un gasto imposible de realizar. Hay chicos que crecen con una graduación que ya no es la adecuada o que directamente pasan años sin poder acceder a ellos.
Y entonces entendemos que esto no se trata simplemente de entregar lentes. Se trata de devolverles posibilidades.
Un niño que no ve bien puede tener dificultades para leer, escribir, seguir una explicación o aprender en igualdad de condiciones con sus compañeros. ¿Cuántas veces interpretamos una dificultad escolar sin saber que detrás puede existir un problema de visión que nunca fue atendido? Por eso, me alegra profundamente que se desarrollen estos operativos y que se acerquen a las distintas localidades de nuestra provincia. Porque la salud visual no debería depender del bolsillo de una familia. Ningún chico tendría que resignarse a no ver bien porque sus padres no pueden afrontar el costo de unos anteojos.
Me emociona imaginar a esos niños recibiendo sus lentes, pudiendo mirar con claridad el pizarrón, leer sus libros, reconocer los rostros, jugar y redescubrir detalles del mundo que quizás antes no podían distinguir. A veces creemos que estamos entregando solamente un par de anteojos, pero para un niño podemos estar abriendo una ventana completamente nueva.
Ojalá estas iniciativas continúen, se multipliquen y lleguen a cada rincón donde haya un chico que necesite ayuda. Porque garantizarles salud, educación y oportunidades también significa garantizarles una infancia más digna.