La detección de infecciones de transmisión sexual (ITS) en adolescentes desde los 14 años encendió una nueva señal de alerta en Salta y volvió a poner en el centro de la discusión la necesidad de fortalecer la prevención, el acceso a la información y el diagnóstico temprano.
La advertencia fue realizada por Laura Caporaletti, referente del Programa de VIH, Infecciones de Transmisión Sexual y Hepatitis Virales del Ministerio de Salud Pública de Salta. La especialista explicó que los equipos sanitarios realizan testeos de VIH desde los 14 años y que, durante esos controles, también se detectan otras infecciones de transmisión sexual. Los diagnósticos en edades más tempranas son puntuales, pero desde los 14 años ya se identifican distintos tipos de ITS.
El dato adquiere especial relevancia en un contexto en el que la sífilis continúa siendo una preocupación para las autoridades sanitarias provinciales. Durante enero y febrero de 2026 se notificaron 239 casos de sífilis en Salta. El 67,36% de esos diagnósticos —161 casos— correspondió a personas de entre 20 y 39 años, aunque el Ministerio viene señalando la necesidad de reforzar especialmente las acciones preventivas entre adolescentes y jóvenes.
La situación no es nueva. Los registros provinciales incluidos en un informe de UNICEF muestran que entre 2020 y 2022 también se registraron casos de sífilis entre adolescentes de 10 a 14 años.
La sífilis es una infección bacteriana causada por Treponema pallidum. Puede transmitirse principalmente durante relaciones sexuales sin protección y también durante el embarazo, de una persona gestante al bebé.
Sin tratamiento, puede provocar complicaciones graves. Sin embargo, es una infección que puede prevenirse, diagnosticarse y tratarse, y el sistema público de salud ofrece diagnóstico y tratamiento.
Desde Salud Pública remarcan que el uso correcto del preservativo continúa siendo una de las principales herramientas de prevención frente a las ITS. También recomiendan realizar controles periódicos y consultar ante cualquier lesión, dolor, flujo o síntoma que pueda estar relacionado con una infección.
La prevención empieza antes
Que una infección pueda detectarse en adolescentes tan jóvenes no debería convertirse en motivo de señalamiento ni estigmatización. Por el contrario, debería funcionar como una señal para fortalecer la educación sexual integral, el acompañamiento familiar y el acceso de los jóvenes a los servicios de salud.
La información confiable, la posibilidad de realizarse un test de manera confidencial y el acceso temprano al tratamiento son herramientas fundamentales para evitar complicaciones y cortar las cadenas de transmisión.
En Salta, el desafío no pasa solamente por detectar más casos, sino también por lograr que los adolescentes sepan cómo cuidarse, dónde consultar y que pedir ayuda no debe ser motivo de vergüenza.
OPINIÓN DEL PERIODISTA
Hay datos que deberían obligarnos a detenernos a pensar. Que en Salta se estén detectando infecciones de transmisión sexual desde los 14 años no debería llevarnos a señalar a los adolescentes, juzgarlos ni preguntarnos solamente “qué están haciendo”. Debería llevarnos a preguntarnos qué estamos haciendo los adultos para acompañarlos.
Porque un adolescente que tiene una ITS no necesita vergüenza ni condena. Necesita información, prevención, un sistema de salud al que pueda acudir y adultos capaces de hablar de sexualidad sin convertirla en un tema prohibido.
Y acá la Educación Sexual Integral vuelve a tener un papel fundamental. Hablar de preservativo, consentimiento, vínculos, cuidados y prevención no significa incentivar a los adolescentes a tener relaciones sexuales. Significa darles herramientas para que puedan tomar decisiones responsables y proteger su salud.
También tenemos que dejar atrás una idea peligrosa: creer que, porque hoy existe Internet, los jóvenes están suficientemente informados. Tener acceso a información no significa necesariamente tener información correcta. Y una búsqueda en Google no reemplaza a un profesional de la salud, una charla en la escuela o un adulto dispuesto a escuchar sin juzgar.
La sífilis puede prevenirse, puede diagnosticarse y tiene tratamiento. Por eso, quizás el mayor fracaso no sea que exista la infección, sino que todavía haya adolescentes que no sepan cómo prevenirla o que tengan miedo de pedir ayuda.
Si tenemos casos desde edades tan tempranas, la respuesta no puede ser el silencio. Tiene que ser más educación, más prevención, más acompañamiento y un sistema de salud que esté cerca de nuestros chicos.
Porque cuidar a los adolescentes también significa animarnos a hablar con ellos.