El municipio amplía las rejas de imbornales y desagües pluviales para mejorar el escurrimiento del agua y reducir el riesgo de anegamientos durante las tormentas.
La Municipalidad de Salta lleva adelante un plan de obras preventivas ante la llegada de la temporada de lluvias intensas. Entre las principales intervenciones se encuentra la ampliación de las rejas ubicadas en imbornales y desagües pluviales, con el objetivo de aumentar la capacidad de ingreso del agua y disminuir las posibilidades de obstrucción.
Los trabajos se realizan sobre corredores viales y sectores de la ciudad donde el correcto funcionamiento del sistema de drenaje resulta fundamental durante episodios de precipitaciones fuertes.
Según informó el municipio, la ampliación de las rejas busca que el agua pueda ingresar con mayor facilidad a los sistemas de desagüe y que el arrastre de hojas y residuos no provoque una obstrucción total. La estrategia involucra a las áreas municipales de Obras Públicas, Ambiente y Protección Ciudadana.
La medida se enmarca en un escenario climático que mantiene en alerta a distintos organismos. El Servicio Meteorológico Nacional confirmó la presencia de El Niño, con una intensidad prevista entre fuerte y muy fuerte, y los organismos nacionales vienen trabajando en acciones preventivas frente a posibles lluvias intensas durante la primavera y el verano 2026-2027.
La propia Nación recomienda, frente a este escenario, mantener libres las vías de escurrimiento y realizar tareas de prevención para reducir los riesgos asociados a las precipitaciones intensas.
El papel de los vecinos
Desde la Municipalidad también remarcaron que la prevención no depende únicamente de las obras públicas.
Cecilia Pazos, coordinadora de Gestión Operativa de la Obra Pública, pidió a los vecinos evitar sacar residuos a la vía pública durante los temporales, utilizar correctamente los contenedores y retirar ramas u otros objetos que puedan terminar obstruyendo los imbornales.
El pedido adquiere especial importancia porque una bolsa, una botella, ramas o cualquier otro residuo pueden terminar bloqueando las bocas de desagüe justamente cuando más se necesita que funcionen.
La preparación de la infraestructura urbana antes de la temporada de lluvias apunta, de esta manera, a reducir anegamientos, complicaciones en el tránsito y otros inconvenientes que suelen producirse durante las tormentas fuertes.
OPINIÓN DEL PERIODISTA
Cuando llueve fuerte, la ciudad pone a prueba todo lo que hizo —o dejó de hacer— durante los meses anteriores.
Por eso, que se trabaje antes de que lleguen las tormentas es una decisión que merece ser mirada desde la prevención y no solamente desde la reacción frente a una emergencia.
Un desagüe que funciona correctamente puede parecer algo insignificante en un día soleado. Pero cuando el agua comienza a acumularse en las calles, puede marcar una diferencia enorme para una familia que necesita salir de su casa, para quien tiene que llegar a trabajar o para un vecino que intenta evitar que el agua ingrese a su vivienda y destroce todo a su paso.
Ahora bien, las obras municipales también necesitan del acompañamiento de quienes vivimos en la ciudad. No sirve ampliar un imbornal si después lo convertimos en un depósito de basura. Una botella, una bolsa o una rama arrojada en la calle puede terminar donde no corresponde y dificultar el escurrimiento.
La prevención, entonces, tiene dos partes: un Estado que planifique, invierta y mantenga la infraestructura, y una comunidad que cuide aquello que es de todos.
Las lluvias no se pueden evitar. Lo que sí podemos hacer es trabajar todos juntos para que, cuando lleguen, sus consecuencias sean menores.