El diputado nacional de La Libertad Avanza, Manuel Quintar, quedó en el centro de una fuerte controversia política y social luego de exhibir en el Congreso una lujosa Tesla Cybertruck valuada en más de 100 mil dólares, que horas después terminó siendo retirada en grúa en medio de cuestionamientos por la falta de patente y posibles irregularidades para circular.
La escena no tardó en viralizarse. La imponente camioneta eléctrica fabricada por Tesla y diseñada por Elon Musk apareció estacionada en el playón de la Cámara de Diputados y generó un inmediato revuelo dentro y fuera del Congreso. Las críticas se multiplicaron en redes sociales, especialmente por el contraste entre el discurso oficial de ajuste y austeridad económica y la ostentación de un vehículo de lujo importado.
La polémica escaló aún más cuando comenzaron a circular imágenes del vehículo sin patente trasera visible. Según la Agencia Nacional de Seguridad Vial, circular sin patente es considerada una infracción grave y puede derivar en multas millonarias y hasta el secuestro del vehículo.
Horas después, el Tesla fue retirado mediante un servicio de remolque privado. Desde el entorno del legislador explicaron que la camioneta debía ser trasladada hasta Jujuy porque todavía no estaba habilitada para recorrer largas distancias y porque la autonomía eléctrica del vehículo ronda los 500 kilómetros, insuficiente para completar el trayecto hasta el norte argentino sin una red adecuada de carga.
El propio Quintar salió a defenderse en redes sociales con una frase que terminó alimentando aún más el debate: “A mi nombre, con la mía”. El diputado aseguró que la compra fue realizada legalmente en Estados Unidos y que el vehículo fue importado de manera regular al país.
Un poco de los Quintar
Manuel Quintar es un abogado y empresario de la salud privada de Jujuy, perteneciente a una familia históricamente vinculada al negocio de clínicas y sanatorios en esa provincia. Es hermano de Alba Quintar, dirigente de LLA en Salta y funcionaria del Ministerio de Justicia de la Nación, donde trabaja ad honorem en el área de los Centros de Acceso a la Justicia (CAJ).
Antes de alinearse políticamente con el espacio libertario, Manuel Quintar tuvo participación dentro del peronismo jujeño. En 2021 fue candidato a diputado provincial por el PJ, ligado políticamente al dirigente Rubén Rivarola, uno de los hombres fuertes del peronismo jujeño. Paralelamente consolidó su crecimiento empresarial dentro del sistema privado de salud.
Durante años estuvo vinculado al histórico sanatorio Quintar, propiedad familiar que luego pasó a denominarse Sanatorio Los Lapachos. Ese cambio de razón social, realizado en 2012, quedó envuelto en fuertes denuncias laborales por parte de trabajadores y sindicatos, ya que implicó despidos y la pérdida de antigüedad para cientos de empleados. Según las denuncias de la época, más de 50 trabajadores fueron despedidos y alrededor de 450 continuaron trabajando bajo nuevas condiciones laborales, perdiendo derechos adquiridos.
Con el tiempo, la familia Quintar expandió su presencia dentro del negocio sanitario privado jujeño. En 2017 las clínicas familiares quedaron divididas entre los hermanos: el Sanatorio San José, en Perico, pasó a ser administrado por Guillermo Quintar, mientras que Manuel Quintar quedó al frente de Los Lapachos. También participaron en nuevas estructuras vinculadas a geriatría, rehabilitación y representación de otras clínicas privadas.
Otro punto importante en la expansión empresarial ocurrió en 2022, cuando la Obra Social del Personal del Azúcar del Ingenio Ledesma (OSPAIL) entregó el gerenciamiento de la clínica Sagrado Corazón de Jesús a una empresa privada vinculada a los Quintar. Esa decisión fue cuestionada por sectores sindicales y trabajadores azucareros, quienes denunciaron un deterioro en la atención médica, faltante de medicamentos y priorización de pacientes con coberturas privadas más rentables.
Las críticas hacia Manuel Quintar suelen apuntar a dos ejes: su crecimiento dentro del sistema privado de salud en un contexto de deterioro de la salud pública;
y su cercanía transversal con distintos espacios políticos, desde sectores tradicionales del PJ jujeño hasta el actual universo libertario.
Sus defensores, en cambio, lo presentan como un empresario que logró expandir y sostener estructuras sanitarias privadas en una provincia donde el sistema público atraviesa dificultades históricas.
La reciente exposición pública de la familia Quintar creció aún más luego de la viralización del diputado nacional Manuel Quintar llegando al Congreso en una Tesla Cybertruck, imagen que reactivó cuestionamientos sobre patrimonio, privilegios y contradicciones con el discurso “anti casta” impulsado por el oficialismo libertario.
Dudas e indignación
El despliegue informativo de este nuevo escándalo libertario, solo amplían el descontento social con dudas que continúan. Distintos medios señalaron que ahora se analiza bajo qué régimen ingresó el vehículo al país y si toda la documentación requerida para circular efectivamente estaba completa. Además, el episodio despertó cuestionamientos internos y externos hacia La Libertad Avanza por la imagen que dejó el caso en un contexto económico delicado para gran parte de la población.
La Tesla Cybertruck no es un vehículo común en Argentina. Dependiendo de la versión y de los costos de importación, su valor final podría superar ampliamente los 200 mil dólares. Se trata de una camioneta futurista de acero inoxidable, prácticamente inexistente en el mercado local y asociada mundialmente al lujo tecnológico.
El episodio abrió un nuevo debate político y social. Mientras miles de argentinos enfrentan aumentos, pérdida de empleo y dificultades para llegar a fin de mes, la imagen de un dirigente oficialista exhibiendo una camioneta millonaria frente al Congreso impactó de lleno en la opinión pública. Porque más allá de si la compra fue legal o no, la discusión ya no pasa solamente por un vehículo: pasa por el mensaje que transmite la política cuando la realidad de la calle parece ir por un camino completamente distinto. Y en un país donde desde el poder se repite constantemente que “no hay plata”, la foto de un Tesla de lujo en manos de un político terminó convirtiéndose, para muchos, en el símbolo perfecto de una Argentina cada vez más desigual.
OPINIÓN DEL PERIODISTA
Hay imágenes que dicen más que mil discursos. Y esta semana, mientras millones de argentinos hacen cuentas para ver si llegan a fin de mes, mientras comerciantes cierran persianas, mientras trabajadores pierden el empleo y jubilados eligen entre comprar remedios o comer, apareció una escena que golpeó de lleno en la bronca social: un diputado libertario mostrando orgulloso una Tesla millonaria frente al Congreso.
No fue solamente un auto, fue un símbolo, el símbolo de una dirigencia que parece vivir en una realidad paralela, completamente desconectada de lo que pasa afuera de los vidrios polarizados. Porque mientras desde el poder se repite todos los días que “no hay plata”, algunos parecen tener demasiada. Y no hablamos de un vehículo común: hablamos de un lujo obsceno en un país donde cada vez más familias caen en la pobreza.
Pero la historia se volvió todavía más insólita cuando el Tesla terminó arriba de una grúa. Ahí la escena rozó lo absurdo. El vehículo futurista, símbolo de poder y ostentación, inmovilizado en plena polémica por falta de patente y posibles irregularidades. Una postal perfecta de la Argentina actual: mucha puesta en escena, mucha soberbia, mucho show… pero cuando la realidad aparece, todo termina frenado.
Y lo que más indigna no es solamente el auto, es la naturalidad con la que algunos funcionarios exhiben privilegios mientras le piden sacrificio a la sociedad. Es esa sensación constante de que el ajuste siempre cae sobre los mismos: sobre el trabajador, el jubilado, el estudiante, el comerciante, sobre los discapacitados y nunca sobre la política.
La gente no se enoja porque alguien tenga plata. La gente se enoja porque siente que hay dirigentes que perdieron completamente la sensibilidad, que dejaron de mirar la calle, que ya no entienden lo que genera ver semejante nivel de ostentación en medio de tanta desesperación por sobrevivir.
Tal vez por eso la imagen del Tesla sobre la grúa impactó tanto. Porque por un segundo pareció caerse el relato. Porque detrás de la estética moderna, de los discursos anticasta y de las redes sociales, apareció algo que muchos argentinos sienten hace tiempo: que el poder sigue jugando sus propios juegos mientras el pueblo pelea por sobrevivir.
En fin, “nuestra” realidad nos dice que, con este caso, la casta no llegó en colectivo. Llegó en Tesla, pero el problema no fue la Tesla. Fue que la grúa terminó levantando el relato.