Las universidades públicas argentinas volverán a movilizarse hoy, 12 de mayo, en una nueva Marcha Federal Universitaria que promete
convertirse en una de las mayores protestas educativas de los últimos meses. La convocatoria surge en medio de fuertes cuestionamientos al ajuste presupuestario impulsado por el gobierno de Javier Milei sobre el sistema universitario y científico nacional.
La protesta fue convocada por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), junto a gremios docentes, no docentes y organizaciones estudiantiles de todo el país. Según informó TN, el acto central se realizará frente a Casa Rosada y será la cuarta gran movilización universitaria desde la llegada de Milei al poder.
Bajo la consigna “Marcha Federal por la educación, la universidad pública y la ciencia nacional”, rectores, docentes y estudiantes denuncian una fuerte caída del financiamiento universitario, deterioro salarial y recortes que afectan el funcionamiento cotidiano de las casas de estudio.
De acuerdo con datos difundidos por medios nacionales, las transferencias destinadas a universidades públicas habrían caído cerca de un 45% desde 2023, mientras que gremios universitarios sostienen que la pérdida salarial de docentes y trabajadores ronda el 40%.
*En Salta también habrá movilización*
Distintos sectores de la Universidad Nacional de Salta confirmaron una concentración en el Monumento 20 de febrero a las 16:00 hs y posterior marcha hacia Plaza 9 de Julio, en defensa de la educación pública y la ciencia nacional.
Desde sectores universitarios aseguran que el reclamo no se limita solamente a cuestiones salariales, sino que también apunta al sostenimiento del sistema científico, las becas estudiantiles, las investigaciones y el funcionamiento integral de las universidades públicas argentinas.
La movilización ocurre en un contexto de creciente tensión entre el Gobierno nacional y el sistema universitario. Mientras desde el oficialismo sostienen la necesidad de mantener el ajuste fiscal, desde las universidades advierten que los recortes ponen en riesgo el acceso a la educación pública y el funcionamiento de instituciones que históricamente fueron consideradas pilares del desarrollo científico y social del país.
OPINIÓN DEL PERIODISTA
Hay momentos en la historia de un país donde el silencio deja de ser una opción para convertirse en un grito atronador; y lo que hoy ocurre con las universidades públicas argentinas es uno de esos momentos, convertido en una marcha nacional.
Porque desde el Gobierno nacional se sigue mirando a la educación como un gasto y no como una inversión para el futuro.
Resulta doloroso ver cómo se intenta instalar la idea de que las universidades son un privilegio, cuando en realidad fueron durante décadas la única posibilidad de progreso para millones de jóvenes hijos de trabajadores, en busca de una nivelación social. En cada aula de una universidad pública hay historias de esfuerzo de sacrificio, de familias enteras apostando a que estudiar todavía puede cambiar una vida y hoy todo eso parece estar siendo golpeado por una política de ajuste que no mide consecuencias humanas.
Porque detrás de cada recorte no hay solamente números: hay becas que desaparecen, investigaciones que se frenan, docentes que cobran salarios miserables destruidos por la inflación y estudiantes que muchas veces no saben si podrán seguir cursando. Hay chicos que viajan horas para estudiar, que trabajan todo el día y aun así hacen el esfuerzo de sostener una carrera, chicos con esperanzas de un mejor mañana y aun viendo esa realidad, el Gobierno elige avanzar con más ajuste, más recortes y más desprecio con más crueldad.
Lo más alarmante quizás no sea solamente el recorte económico, sino el discurso que lo acompaña. Un discurso cargado de agresividad, de estigmatización y de ataques constantes hacia quienes defienden la educación pública. Como si reclamar por universidades dignas fuera un acto político partidario y no una necesidad básica de cualquier sociedad que aspire a tener futuro.
La universidad pública argentina no solamente forma profesionales, forma pensamiento crítico, movilidad social, ciencia, desarrollo y oportunidades. Destruir eso no es modernizar el país es empobrecerlo intelectual, social y humanamente.
Y mientras desde el poder se celebran planillas de ajuste y equilibrio fiscal, en las calles empieza a crecer otra cosa: el cansancio, la bronca y el miedo de una sociedad que siente que cada día le arrancan un derecho más.
Defender la universidad pública hoy no es solamente defender edificios o presupuestos. Es defender la posibilidad de que un hijo de trabajadores pueda soñar con un futuro mejor sin que su familia tenga que hipotecar la vida para pagar una carrera.
Porque cuando un país deja de cuidar su educación, en realidad empieza lentamente a renunciar a su propio futuro. Nos quieren ignorantes, por que como dijo Simón Bolívar “un país ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”; casi como afirmando el dicho popular: “No hay peor ciego que el que no quiere ver”.