El presidente Javier Milei defendió su gestión durante su exposición en la Argentina Week en París, donde presentó un balance positivo de su programa económico ante empresarios e inversores.
Durante su discurso, afirmó que se crearon 520.000 puestos de trabajo y que 12 millones de argentinos salieron de la pobreza. También sostuvo que su Gobierno está haciendo una mejor gestión que las tres administraciones anteriores y que es el que más aumentó las jubilaciones.
Sin embargo, sus declaraciones contrastan con las dificultades económicas que atraviesan numerosos hogares argentinos, donde los salarios deben hacer frente al aumento del costo de vida, los alquileres, los alimentos y los servicios.
Los datos oficiales del INDEC indican que la pobreza alcanzó al 32,3% de las personas durante el primer semestre de 2026, frente al 28,2% registrado en el semestre anterior. La indigencia, por su parte, llegó al 7,5%. Estas cifras corresponden a los 31 aglomerados urbanos relevados por el organismo.
En el ámbito laboral, las estadísticas también muestran dificultades: en agosto de 2026, el nivel de empleo asalariado registrado del sector privado cayó un 0,9% interanual en los aglomerados relevados por la Encuesta de Indicadores Laborales.
En materia previsional, el aumento nominal de los haberes no elimina las dificultades para cubrir las necesidades básicas. El congelamiento del bono para jubilados y la evolución de los precios plantean interrogantes sobre el poder adquisitivo de quienes dependen de los ingresos previsionales.
Las declaraciones del Presidente vuelven a poner en discusión la distancia entre los resultados que destaca el Gobierno y las condiciones de vida de una gran parte de la población. Mientras el oficialismo defiende su rumbo económico, el acceso a los alimentos, la vivienda y los servicios continúa siendo una preocupación cotidiana para miles de familias.
OPINIÓN DEL PERIODISTA
Hay discursos que pueden sonar maravillosos frente a empresarios e inversores extranjeros, pero la verdadera evaluación de un gobierno no debería hacerse solamente desde un escenario internacional. En este caso, también hay que mirar lo que sucede en las casas de los argentinos, en las góndolas de los supermercados, en las farmacias y en los bolsillos de quienes trabajan todos los días para sobrevivir.
El presidente Javier Milei asegura que millones de argentinos salieron de la pobreza, que se crearon puestos de trabajo y que su gobierno aumentó las jubilaciones como ningún otro. Sin embargo, hay una pregunta que no podemos dejar de hacernos: ¿de qué sirven los números de un discurso si tantas familias siguen teniendo dificultades para llegar a fin de mes?
Y esto no es algo que necesitemos descubrir detrás de un escritorio ni comprender solamente a través de estadísticas. Es una realidad que se puede observar todos los días, en la sociedad que habitamos, en nuestras familias, en nuestros lugares de trabajo y en las personas que nos rodean.
Se ve en el trabajador que tiene que buscar un segundo empleo porque con su sueldo no alcanza y que, aun así, sigue sin llegar a fin de mes. Se ve en las familias que deben elegir qué cuenta pagar primero, en quienes recorren supermercados buscando precios más bajos y en las personas que postergan necesidades básicas porque el dinero simplemente no alcanza. Se ve en quienes tienen que endeudarse para pagar el alquiler, comprar alimentos o sostener los gastos de sus hogares.
Es profundamente preocupante que trabajar ya no sea garantía de tranquilidad económica. Los precios siguen pesando sobre los bolsillos, mientras los salarios parecen haber quedado muy atrás. El esfuerzo de miles de argentinos se diluye frente a un costo de vida que les exige cada vez más. ¿Cómo puede una persona trabajar durante toda la semana, incluso tener dos empleos, y aun así no conseguir cubrir sus necesidades básicas?
Y si hablamos de nuestros jubilados, la situación merece una reflexión todavía más profunda. Después de toda una vida de trabajo, nadie debería tener que elegir entre alimentarse, comprar sus medicamentos, pagar los servicios o cubrir el alquiler. Una jubilación no es un regalo del Estado: es un ingreso que debe permitir vivir con dignidad. Nuestros adultos mayores merecen descansar después de tantos años de esfuerzo, no pasar sus días haciendo cuentas para descubrir qué necesidad tendrán que postergar esta vez.
Gobernar no es solamente ordenar las cuentas públicas ni presentar resultados ante los mercados. Gobernar también significa hacerse cargo de cómo vive la gente.
Detrás de cada indicador hay personas, hay madres y padres preocupados por sus hijos, trabajadores agotados, jóvenes que no encuentran oportunidades y adultos mayores que merecen disfrutar de una vejez digna después de tantos años de esfuerzo y trabajo.
Lo más triste es que muchas personas comienzan a acostumbrarse a vivir con lo justo, a postergar necesidades y a considerar normal que el sueldo desaparezca antes de terminar el mes. No debería ser normal vivir permanentemente con angustia económica, no debería ser normal trabajar cada vez más y sentir que cada vez se puede menos y mucho menos debería ser normal que una familia tenga que sacrificar su alimentación, su salud o su tranquilidad para poder llegar al día siguiente.
Mientras tanto, desde el Gobierno se insiste en mostrar una realidad de éxito económico que no coincide con lo que tantas personas experimentan en su vida cotidiana. Y es precisamente ahí donde aparece una de las mayores preocupaciones: la distancia entre el país que el Presidente describe y el país que millones de argentinos sienten que están viviendo.
Porque el éxito de un gobierno no puede medirse únicamente por lo que sus autoridades dicen haber conseguido, sino también por las condiciones de vida que pueden alcanzar sus ciudadanos. Y mientras una gran parte de la sociedad siga luchando para comer, pagar sus cuentas, sostener un techo y llegar a fin de mes, habrá una deuda social que ningún discurso debería poder disimular.
La Argentina no necesita solamente un gobierno que hable de resultados. Necesita un gobierno que pueda traducir esos resultados en una vida más digna para su pueblo. Porque detrás de cada cifra hay una familia, detrás de cada salario hay horas de esfuerzo y detrás de cada jubilación hay una vida entera de trabajo.
Tampoco podemos ignorar los datos oficiales: durante el primer semestre de 2026, la pobreza volvió a aumentar y alcanzó al 32,3% de las personas relevadas por el INDEC. Frente a esa realidad, escuchar que millones de argentinos salieron de la pobreza obliga, como mínimo, a preguntarnos cómo se construyen esas afirmaciones y qué realidad están describiendo.
Ningún discurso debería hacernos olvidar esa realidad, porque entre el discurso de Milei y “nuestra” realidad parecería estar la frase que dice: “Miente, miente, que algo quedará”.