Elon Musk volvió a sacudir la industria automotriz al mostrar en detalle las tres versiones del futurista Tesla Roadster. La variante más extrema incluye propulsores de gas comprimido desarrollados junto a SpaceX, capaces de elevar el vehículo, realizar maniobras aéreas y volar sobre el pavimento.
La frontera entre la ciencia ficción y la realidad industrial se acaba de pulverizar por completo. En el marco de un despliegue tecnológico global que encendió todas las alarmas en los grandes centros financieros y tecnológicos de Asia y Estados Unidos, el ecosistema automotriz asistió al hito más impactante del año: el debut formal y las pruebas dinámicas del nuevo deportivo Tesla Roadster.
El jueves 15 de octubre de 2026 por la noche, Elon Musk presentó en las instalaciones de pruebas de cohetes de SpaceX en McGregor, Texas, la versión final del Tesla Roadster, el superdeportivo que promete ser el primer "auto volador" de producción de la historia y promete reescribir las leyes del transporte hacia 2028.
La demostración fue transmitida en vivo por X y dejó a todos boquiabiertos: el vehículo subió por una rampa vertical, quedó suspendido boca abajo adherido al pavimento por succión, se lanzó al aire, ejecutó un giro completo sobre su eje y aterrizó suavemente propulsado por aire comprimido.
De acuerdo con las especificaciones reveladas por la compañía y replicadas por las principales cadenas internacionales, la propuesta se estructuró en tres versiones de ingeniería aeroespacial que dejaron boquiabiertos a los analistas:
Roadster Performance: La variante concebida para pistas y uso comercial convencional. Cuenta con dos asientos, un diseño ultra aerodinámico y un sistema de succión multimodo mediante potentes ventiladores inferiores que generan una diferencia de presión extrema para adherir el vehículo al pavimento (permitiéndole maniobrar con soltura incluso en pendientes con inclinaciones verticales). La reserva inicial exige un depósito de 50.000 dólares.
Roadster Thrust: Una edición limitada de dos plazas equipada con propulsores de gas frío en la parte trasera, diseñados para disparar la aceleración de 0 a 100 km/h en menos de un segundo. El costo para ingresar en la lista de espera asciende a los 250.000 dólares.
Roadster Rocket: La joya de la corona y la verdadera versión "voladora". Incorpora 10 propulsores de gas a altísima presión distribuidos estratégicamente alrededor de la carrocería. Este sistema de propulsión limpia le permite desafiar la gravedad, despegar levemente de la superficie, elevarse varios metros sobre el suelo y ejecutar giros o esquives en el aire. Tendrá un solo asiento y su comercialización será ultra exclusiva, disponible únicamente por invitación directa de la firma.
Durante las demostraciones técnicas ante inversores y la prensa especializada, el prototipo ejecutó saltos controlados sobre otros vehículos y giros en el aire sostenidos por aire comprimido. Sin embargo, la propia compañía aclaró que la versión Rocket no estará homologada para la red vial urbana tradicional, encendiendo un feroz debate regulatorio sobre las normativas que deberán regir el espacio aéreo en las metrópolis del futuro.
Con esta presentación, el mundo alucina, mientras que las redes explotaron en memes.
OPINIÓN DEL PERIODISTA
Fantasías en el aire, bolsillos en el barro.
Principalmente para el mundo masculino, es imposible no fascinarse con el espectáculo visual de un auto despegando con propulsores de cohetería espacial y acelerando de 0 a 100 km/h en un parpadeo.
Pero la postal internacional deja al descubierto la grieta gigante del mundo moderno: mientras los multimillonarios reservan juguetes de 250.000 dólares para volar sobre el pavimento, el ciudadano común en Salta hace malabares para cargar medio tanque de nafta o juntar para cargar LA SAETA.
Espectáculo técnico de vanguardia, sí; pero con las góndolas ardiendo y los sueldos por el piso, la fantasía del auto volador nos recuerda lo desconectadas que están las prioridades de los grandes centros de poder financiero de la realidad cotidiana de la gente.
Pero como dicen… “soñar no cuesta nada”.