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Las emociones ponen a prueba al sistema educativo, ¿tiene las herramientas para contenerlas?

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En medio de un contexto social atravesado por la violencia, la ansiedad, los problemas de salud mental y el impacto cada vez más fuerte de las redes sociales en niños y adolescentes, Salta decidió avanzar con una transformación educativa que pone en el centro algo que durante años fue relegado: las emociones.
La provincia aprobó recientemente la incorporación obligatoria de la Educación Socioemocional en todos los niveles y modalidades del sistema educativo, tanto en escuelas públicas como privadas. La medida fue impulsada desde la Cámara de Diputados y obtuvo sanción legislativa definitiva en el Senado salteño.
La nueva normativa busca convertir la educación emocional en un eje transversal permanente dentro de las aulas, promoviendo herramientas vinculadas al manejo de emociones, la empatía, la autoestima, la resolución pacífica de conflictos y la construcción de vínculos saludables.
Desde distintos sectores educativos vienen advirtiendo desde hace años sobre el crecimiento de situaciones de violencia escolar, bullying, ansiedad, depresión, aislamiento social y dificultades emocionales en niños y adolescentes.
Según explicaron desde el Ministerio de Educación de Salta, el objetivo no es reemplazar contenidos académicos, sino acompañarlos con herramientas emocionales que permitan mejorar la convivencia y el bienestar integral de estudiantes y docentes.
“La educación emocional es fundamental para el desarrollo integral de los estudiantes. Ayuda a mejorar la autoestima, la gestión del estrés y las relaciones interpersonales”, señalaron desde el Gobierno provincial durante las reuniones previas al tratamiento legislativo.
La iniciativa también contempla la creación de una Comisión Técnica Multidisciplinaria integrada por especialistas que trabajarán en el diseño, implementación y seguimiento de estas políticas educativas en toda la provincia.
¿Qué se enseñará?
El proyecto apunta a que la educación emocional atraviese la vida escolar cotidiana y no funcione solamente como una materia aislada.
Entre las herramientas que se buscarán desarrollar aparecen: reconocimiento y expresión de emociones; manejo de la frustración y el estrés; empatía; resolución pacífica de conflictos; autoestima; habilidades sociales; toma de decisiones responsables; convivencia y construcción de vínculos sanos.
Además, uno de los ejes más destacados es el trabajo sobre el impacto emocional de las redes sociales y el mundo digital en las nuevas generaciones.
Aunque la iniciativa recibió amplio respaldo político y educativo, también surgieron cuestionamientos sobre cómo será implementada y quiénes estarán realmente capacitados para abordar estas temáticas dentro de las escuelas.
Años atrás, distintos sectores profesionales ya habían advertido que la educación emocional requiere formación específica y no puede reducirse a discursos superficiales sobre “pensar positivo” o “controlar emociones”.
Otros debates giran en torno al rol de la escuela en problemáticas vinculadas a salud mental, vínculos familiares y construcción emocional de niños y adolescentes.
Sin embargo, desde el ámbito legislativo sostienen que la realidad actual exige una mirada educativa más integral y humana.
“No hay aprendizaje posible sin bienestar emocional”, afirmó la diputada Mónica Juárez durante el tratamiento del proyecto.
Especialistas en educación emocional vienen sosteniendo desde hace años que las habilidades emocionales tienen un impacto directo en la calidad de vida, la convivencia social y el rendimiento académico.
El psicólogo Lucas Malaisi, uno de los principales impulsores de la educación emocional en Argentina, aseguró tiempo atrás que “el 80% del éxito que obtenemos en la vida está basado en habilidades emocionales”.
La discusión de fondo parece ir mucho más allá de agregar un nuevo contenido escolar. La pregunta que atraviesa este debate es otra: ¿puede la escuela seguir formando estudiantes sin enseñarles también cómo atravesar emociones, frustraciones, vínculos y conflictos en una sociedad cada vez más compleja?

OPINIÓN DEL PERIODISTA
Durante años la escuela enseñó matemáticas, lengua, historia, geografía, fórmulas, fechas y contenidos académicos, pero pocas veces se enseñó algo igual de importante: cómo gestionar emociones, frustraciones, angustias o vínculos en una sociedad cada vez más compleja, y en ese punto, la idea de implementar educación emocional dentro de las escuelas parece no solo positiva, sino necesaria, porque hoy vemos chicos emocionalmente desbordados, chicos atravesados por ansiedad, violencia, sobreestimulación, problemas familiares, poca o nula frustración al no, redes sociales y una enorme dificultad para expresar lo que sienten. Muchas veces reaccionan desde el enojo, la frustración o el dolor porque nadie les enseñó realmente a gestionar sus emociones. Entonces sí, hablar de educación emocional es urgente.
El problema aparece cuando, una vez más, todo el peso termina cayendo sobre el docente, porque desde los discursos políticos las ideas suelen sonar excelentes. Pero cuando llega el momento de implementarlas en la realidad cotidiana del aula, el docente vuelve a convertirse en quien debe resolver absolutamente todo. Ahora además de enseñar contenidos, contener conflictos, cumplir programas, lidiar con la falta de recursos, soportar salarios bajísimos y sostener cursos cada vez más complejos, también se espera que el docente funcione como psicólogo emocional de 30 alumnos.
Y ahí aparece una pregunta incómoda pero necesaria:
¿quién contiene y prepara verdaderamente al docente?
Porque el docente también es una persona agotada. También atraviesa ansiedad, frustración, problemas económicos y desgaste emocional. Sin embargo, y por propia experiencia, siempre se le exige más, pero se lo acompaña cada vez menos.
Y aunque se habla de capacitaciones, la realidad es que muchas veces son escasas, superficiales o insuficientes para abordar problemáticas tan delicadas como salud emocional, violencia, crisis de ansiedad o conflictos psicológicos profundos.
Porque los docentes no son psicólogos. Fueron formados para enseñar determinadas materias, no para asumir solos el peso emocional de generaciones enteras. Por eso quizás el debate debería ser mucho más profundo.
La educación emocional puede ser una herramienta maravillosa si realmente se implementa con seriedad. Pero para eso hace falta inversión real, equipos interdisciplinarios, psicólogos, profesionales capacitados dentro de las escuelas y acompañamiento genuino al docente.
Porque si no, termina ocurriendo lo mismo de siempre: se anuncian grandes transformaciones educativas desde un escritorio, mientras en las aulas hay docentes intentando sobrevivir emocionalmente como pueden.
Y quizás ahí esté una de las mayores contradicciones del sistema:
propone que los docentes enseñen a los chicos a gestionar sus emociones… mientras dejan completamente solos a los docentes que tienen que enseñarles.
Y a su vez, esas personas, que también son docentes, quedan solas con sus propias emociones, muchas veces a la deriva…

OPINIÓN DEL PERIODISTA

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